“El oleaje te ha acometido siempre,
tus
caderas lo asimilaron desde que aprendiste a caminar,
fue tan natural como la abertura en canal de
tu sexo sangrante.”
Octavio Parcero (Oaxaca, 1920-1990)
Derrocho palabras en cientos
de cartas que no leerás, guardadas diligentemente en el espacio que han dejado
tus libros, las dejo en el olvido después de meterlas en un sobre. En esencia
todas dicen lo mismo: que no sé si te deseo más de lo que te amo. Aunque no
escribo exactamente lo que pienso. No podrás leer ni una frase acerca de que me jodía la existencia el que nunca
necesitaste una ventana para escapar, te bastaba con poner fija la mirada en
cualquier objeto, por ahí salías volando como gaviota sostenida por quién sabe
qué vientos. No pregunté por miedo a la respuesta, cada uno estamos claros
de lo que no queremos saber o encontrar, evité a toda costa conocer el nombre del que te atormentaban las tardes a mi lado.
¿Recuerdas cómo era hacer el amor por la
mañana o la tarde?
El sopor nos
alcanzaba. En ti actuaba como un calmante que te ponía lánguida y silenciosa, en mí era una coraza de nostalgia. Por tu modo de mirar era seguro que no
durarías aquí. En medio de oscuridades armo tu presencia en el sillón
cercano al ventanal, bosquejo tu contorno con letras y símbolos extraños que no tienen,
por el momento, un significado. Después
lamo los lugares donde estuviste. Colecciono cabellos que encuentro en los cepillos o el jabón, trato de preservar tu aroma en la ropa de cama, pero
en lo que pongo mayor atención, es en no perder el dolor que eres capaz de producirme. Quiero
que sigas doliendo, que me mates, que me hagas llorar.
Ese dolorcito persistente es muy parecido a tu compañía.
Modelo: Ana Paola
Foto y Texto: Éric Marváz
2 comentarios:
Mi lectura favorita.
...
Siempre espero por tus palabras.
Muy sensuales las imágenes, con tu permiso me quedo viendo tu blog.
Publicar un comentario en la entrada