Entonces el año se volvió lúbrico.
Desde los primeros minutos dejó a todos satisfechos. El
viejo adagio de “Has el amor y no la guerra” se instaló en cada casa, hotel,
lugar de trabajo y sitio público. Las calles de México y del
mundo se vieron calmadas, los únicos quejidos eran producto del amor e
inundaron el aire. Sinfonía sin precedentes. Los criminales depusieron las
armas y buscaron en su viejo directorio el amor en la H y en Ñ (por su
escasa cultura), un posible querer que les sacara el odio del cuerpo. Los
políticos, hombres políticos dentro de sus parejas, y mujeres políticas rodeando
a su amante, pensaron en el mejor modo de instaurar las condiciones para el
amor. Y la réplica de buenos deseos, igual que una de terremoto, se expandió en
todos los confines de la tierra. De ese
modo, el carpintero decidió que trabajaría con pulcritud, pasión y amor como
método para seguir amando, y la marea de lubricidad bañó al mecánico, al albañil,
al policía y a las personas a su paso.
Apenas estábamos conscientes de cómo mejorábamos día con
día. La infidelidad dejó de existir ya que el hecho de dos cuerpos juntos, no
importando lo demás, provocaba en sí mismo amores tangibles que arrollan las calamidades.
Digamos que para marzo éramos la raza que siempre debimos
ser. Por las mañanas todos le cedíamos el asiento al más necesitado, saludábamos, sonreíamos, vivíamos
y ayudábamos. Nadie pedía limosnas pues nadie tenía hambre, se acabaron los
robos pues con el estómago lleno todo lo demás es vanidad, los malos gobiernos
cayeron por los mismos que detentaban el poder, las armas se oxidaron porque… ¿quién
carajos preferiría limpiar un fusil que cojer, follar, meter y sacar? (cosa aparte es que los terroristas decidieron fornicar en lugar de matar).
La vida con protección.
Tanto se había elevado el nivel de consciencia colectiva, que todos y cada uno nos preocupábamos por la sobrepoblación, por el medio ambiente y hasta por el vecino. El resto del año fue de mejoras constantes. No había más basura en las calles, ni baches, ni enojos, ¿quién carajos haría estupideces en lugar de cojer, follar, meter y sacar, chupar, besar?
Tanto se había elevado el nivel de consciencia colectiva, que todos y cada uno nos preocupábamos por la sobrepoblación, por el medio ambiente y hasta por el vecino. El resto del año fue de mejoras constantes. No había más basura en las calles, ni baches, ni enojos, ¿quién carajos haría estupideces en lugar de cojer, follar, meter y sacar, chupar, besar?
Pero para diciembre todo nos parecía poco, así que los
deseos para el próximo año fueron mayores. Al fin la raza humana lo había
conseguido: amor a toda costa. Y sí, para el 21 de diciembre del 2012 pasó lo
que tenía que pasar: se acabó el mundo actual.
El horizonte, por primera vez, se vio como un concierto de
arpas, además de apreciarse como un objetivo alcanzable.
Salud, éxitos, abundancia, sexo, amor, felicidad ¿Acaso esto
no bastará para cambiar al mundo?
Foto y texto: Éric Marváz
1 comentarios:
¿Amor a toda costa? ¿Así que en eso consistirán los cambios? ¡Qué bacanal! ¡Qué maravilla de mundo!
Pues que así sea. Que se cumplan de ese modo las profecías mayas… y las tuyas.
Pero ya lo dice el cuento: desde los primeros minutos del año. O sea, que hay que empezar desde YA.
Besos. Feliz año y felices cambios.
(Me encanta la foto…)
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