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Promotor cultural y fotógrafo., D. F., Mexico
Fotógrafo, escritor, editor independiente e irremisible voyeur.

noviembre 15, 2016

He mutado...

Aunque no lo sabía.

Abandoné la cámara hace algunos años, no por culpa de ella, mi mirada se había perdido: estaba distante. Entre ella y yo había una especie de amor, ya saben: ver televisión, reír continuamente, consensuar, compartir muy buenos momentos, la comida y la sal, llamarse de vez en vez, dormir juntos, luchar por sobrevivir. 

El veintiocho de octubre anterior desperté con la mente sobre ella. Una pasión desmedida que me ha hecho desempolvar mucho más que el equipo, fue un golpe, un choque eléctrico, la sapiencia de cuánto he cambiado a través de los años. Ganas de piel, no de amor, de dejarse ir aunque no haya fondo.

(La luna no se ve, se siente. Fue lo que pensamos.)

Soy un pedazo de brasa que se niega a morir por muy fría que esté la madrugada.

Por San Judas.
(19 minutos desde la primera toma hasta la cuadragésima segunda. Me ha gustado la mutación.)













Foto por Éric Marváz.

noviembre 04, 2016

Voyeur.

Lo sabes…

Miro por cualquier rendija de tiempo. En tu ausencia recurro a los viejos trucos de la memoria, a las artimañas de traerte.

Pienso en ti como en mí.

Estático, sin respirar, sudando profusamente, te mido y eres del tamaño de mis perversiones.

Masturbándome me acabo tu piel en viajes de miradas.


Modelo: Mónica Montalvo.
Foto y texto: Marváz.














noviembre 02, 2016

Dignidad...


El destello áureo evoca épocas de bronce, la suavidad es notoria sin recurrir al tacto, también hay un olor incontrolable. El pequeño paso del día le ha impreso la huella inconfundible, el perfume de la orquídea, el camino para el depredador. 

Hay una luz que parpadea sobre su cabeza. 

Ella amanece cada día con un gesto adusto pero no engaña a nadie, el tufo del deseo la delata. Parece hosca, lodo endurecido en su estado bruto, hasta su reflejo en el cristal es más suave; se vuelve distante a la luz intermitente que le brilla en los descubiertos espacios de piel. 

Todos la vemos. 

Las miradas se le prenden del cuerpo igual que besos pequeños, es una estatua recubierta de saliva fina.

La diosa tiene adeptos, le rezan lujurias susurradas, piden algún milagro.

Yo le prendo un cirio de donde penden goterones congelados. Arcaicos. 

Modelo: Laura.
Foto y texto: Marváz.










agosto 16, 2016

Mirador...


Yo haré de cuenta que no te he escrito. Tú deberás hacer como que no has leído nada. Así la noche transcurrirá en paz y yo no me sentiré acosador.

Voy a pensar que estas palabras se quedarán guardadas en un resquicio de mi silencio. Así tú no has de enterarte que con las manos he conectado constelaciones entre tus lunares de la espalda, de los brazos y del pecho; recuerdo perfecto el efecto de subibaja que tenía al momento en que soñabas no sé con qué. Tampoco has de enterarte que el contacto con tu piel me remontó a recuerdos que pensé eran un par de sueños húmedos sin llegar a los desbordes.

Quiero que ignores por completo el efecto de tu olor dentro de mí. Te insertaste en un golpe certero y fulminante, ese aroma tuyo me ha despertado el sexo y las ganas marinas. Algo tengo, desde ese día de observar la mar, que me convirtió en un mirón de atardeceres cálidos sentado en las orillas de tu playa.


“El mirador del mar”



Modelo: Mónica Montalvo
Foto y texto: Éric Marváz

febrero 04, 2016



El animal era lento y suave, lento y letal, lento y quieto, lento y bravo... tú sabías que no debías molestarlo, dejarlo que siguiera dormido a la vereda de tu vida. Pudo más tu curiosidad. Ya ves, el depredador se desperezó en una dentellada, venenosa, brutal y sin sentir mucho; el animal dentro de mi pecho, mi corazón, es un hijueputa.


Foto y texto: ©Éric Marváz.

enero 29, 2016

Ladrón.

He sido un burdo ladrón de palabras, las substraigo de acá y allá: una canción, un poema, una nota de periódico, un obituario. Algunas las dejo escapar… pero inevitablemente vuelvo a por ellas. Cama, amor, te, veo, dormir, escucho, respirar, sé, tu, cuerpo, transpira. Recuerdo esas, en tanto yo sigo perdiéndome en líneas que van dejando de ser blancas, y todas regresan a mí. Se cuelan por debajo de la puerta, por las ventanas mal cerradas, bien disimuladas en el trago de café matutino; es entonces que comprendo que no hay más, soy llanas y simples palabras.

Y te amo.

Modelo: Sabina.
Foto y texto: ©Éric Marváz.



enero 26, 2016

Madre.


Todo acto de amor comienza por la vida.

©Éric Marváz

enero 15, 2016

Peregrina, no hay más que agregar.

Verónica Peregrina

De Saudade.

Estás  en el obscuro anden de las añoranzas, dentro de ti se remueven los recuerdos cual peces metálicos. Eres deseos y esperanzas. Digo tu nombre en voz baja, en una oración, implícito en un mantra de repeticiones sonoras, viento marino columpiándose en las hojas de los palmares.

Viajas dentro de un vagón en el incansable tren que nunca  llega a ningún lado.

Paladeo  tu encanto en el sexto trago de un licor inextinguible.

Coincidimos  en un fractal de tiempo congelado, fundidos en un beso cálido y melancólico, con mi mano aprendiendo tu mentón y la tuya dibujándome los músculos del brazo con que te pienso; y se tensa mi cuello en la búsqueda de tu lengua, y se moja tu urgencia en un sinsentido fálico.

Somos una foto eterna. 

Mítica representación de la ternura que se extingue. En algún tiempo trato de convencerme, trato de imaginar, trato de que realmente suceda; seremos todas las bocas, todos los cuerpos, todos los sexos que se encuentran en cualquier parte para amar, sin querer otra cosa que no sea amar.





Sesiones, producción, foto libros:
5540711578

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