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Promotor cultural y fotógrafo., D. F., Mexico
Fotógrafo, escritor, editor independiente e irremisible voyeur.

agosto 16, 2016

Mirador...


Yo haré de cuenta que no te he escrito. Tú deberás hacer como que no has leído nada. Así la noche transcurrirá en paz y yo no me sentiré acosador.

Voy a pensar que estas palabras se quedarán guardadas en un resquicio de mi silencio. Así tú no has de enterarte que con las manos he conectado constelaciones entre tus lunares de la espalda, de los brazos y del pecho; recuerdo perfecto el efecto de subibaja que tenía al momento en que soñabas no sé con qué. Tampoco has de enterarte que el contacto con tu piel me remontó a recuerdos que pensé eran un par de sueños húmedos sin llegar a los desbordes.

Quiero que ignores por completo el efecto de tu olor dentro de mí. Te insertaste en un golpe certero y fulminante, ese aroma tuyo me ha despertado el sexo y las ganas marinas. Algo tengo, desde ese día de observar la mar, que me convirtió en un mirón de atardeceres cálidos sentado en las orillas de tu playa.


“El mirador del mar”



Modelo: Mónica Montalvo
Foto y texto: Éric Marváz

febrero 04, 2016



El animal era lento y suave, lento y letal, lento y quieto, lento y bravo... tú sabías que no debías molestarlo, dejarlo que siguiera dormido a la vereda de tu vida. Pudo más tu curiosidad. Ya ves, el depredador se desperezó en una dentellada, venenosa, brutal y sin sentir mucho; el animal dentro de mi pecho, mi corazón, es un hijueputa.


Foto y texto: ©Éric Marváz.

enero 29, 2016

Ladrón.

He sido un burdo ladrón de palabras, las substraigo de acá y allá: una canción, un poema, una nota de periódico, un obituario. Algunas las dejo escapar… pero inevitablemente vuelvo a por ellas. Cama, amor, te, veo, dormir, escucho, respirar, sé, tu, cuerpo, transpira. Recuerdo esas, en tanto yo sigo perdiéndome en líneas que van dejando de ser blancas, y todas regresan a mí. Se cuelan por debajo de la puerta, por las ventanas mal cerradas, bien disimuladas en el trago de café matutino; es entonces que comprendo que no hay más, soy llanas y simples palabras.

Y te amo.

Modelo: Sabina.
Foto y texto: ©Éric Marváz.



enero 26, 2016

Madre.


Todo acto de amor comienza por la vida.

©Éric Marváz

enero 15, 2016

Peregrina, no hay más que agregar.

Verónica Peregrina

De Saudade.

Estás  en el obscuro anden de las añoranzas, dentro de ti se remueven los recuerdos cual peces metálicos. Eres deseos y esperanzas. Digo tu nombre en voz baja, en una oración, implícito en un mantra de repeticiones sonoras, viento marino columpiándose en las hojas de los palmares.

Viajas dentro de un vagón en el incansable tren que nunca  llega a ningún lado.

Paladeo  tu encanto en el sexto trago de un licor inextinguible.

Coincidimos  en un fractal de tiempo congelado, fundidos en un beso cálido y melancólico, con mi mano aprendiendo tu mentón y la tuya dibujándome los músculos del brazo con que te pienso; y se tensa mi cuello en la búsqueda de tu lengua, y se moja tu urgencia en un sinsentido fálico.

Somos una foto eterna. 

Mítica representación de la ternura que se extingue. En algún tiempo trato de convencerme, trato de imaginar, trato de que realmente suceda; seremos todas las bocas, todos los cuerpos, todos los sexos que se encuentran en cualquier parte para amar, sin querer otra cosa que no sea amar.





Sesiones, producción, foto libros:
5540711578

diciembre 03, 2015

Incólume...



Tengo un poco de dolor en los huesos.

A través de los años se comprende que uno no es de las aves que saben cruzar el pantano y salir incólumes, soy un pajarraco con huellas de mil batallas y lodo de todas las ciénagas por las que ha sobrevolado: casi sin plumas. No sé. Es probable que le perdí el miedo a la muerte y poco a poco le voy perdiendo la vocación… o viceversa. Son días extraños. El trago de licor pierde su consistencia y las contradicciones,  eso es como matarse en un accidente de avión sin haber dejado jamás el suelo. Aún quedan las palabras calibre cuarenta y cinco, disparadas a destajo entre furibundos cadáveres y gobiernos asesinos; amartillar y poner una lápida y otra bajo odios heredados de una raza que nació para extinguirse, después de acabar con el mundo. Se viene aquí con esperanza pero es difícil salir de un terreno lleno de minas y vallado con púas, si se logra escapar, no queda más que un cuerpo desollado que respira burbujas rojas y estertóreas. Es  mejor quedarse quieto, agazapado en un rincón, con la espalda pegada a la pared, intentando escuchar los murmullos de la habitación contigua, aspirando lentamente arena, acabándose la última vuelta del reloj.

Inevitablemente voy comprendiendo a los homicidas de sí mismos.

Foto y texto: Marváz

noviembre 16, 2015

Cuando digo esperanza.

Orgulloso y feliz de mi gente. La belleza es absoluta, creo que aún hay esperanza, si sólo queda un pueblo sobre la faz de la tierra ese será el mexicano, no tengo ni una duda.

Marváz.



























































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